Elohim, Elohim
Me remonté hasta el principio,
hasta el oscuro momento de la nada
primera.
El vacío no daba cobijo a mi plegaria
por mucho que yo gritara Tu nombre.
El mundo no era ni una sombra, ni
siquiera lo habías pensado,
tampoco yo estaba entre Tus proyectos –
me imagino.
Pero esta carne que me forma pensó en
Tí
cuando sintió el primer dolor entrando
a cuchillo,
cuando el primer terror llenó mi
corazón de niño.
Pensó y creyó en Tí, y te buscó
tercamente,
como si de verdad existieras.
Creía que en algún punto de aquella
nada
hallaría al Padre que, aunque mudo y
lejano,
nunca abandona a sus hijos...
Pasaron los años, mi búsqueda se
perdía
como te perdías Tú es esa nada
sublime que todos te agradecen...
Y llamarte era hablar en el vacío
entre los mundos,
entonces este ser mio que no comprendo
se olvidó de aquella inútil búsqueda
y descubrió a otros que también
habían mirado al cielo
pensando que Tu gloria era mucho más
alta...
¡y más absurda! Y en ellos encontré
no Tu eterna sordera
sino una queja como la mía, un dolor
como el mío
y un deseo de amar como el mio.
Te perseguí durante años, muchos,
tantos que merezco un poco de respeto
por Tu parte
--si esto no fuera más que un repaso
de mi juventud--.
En cualquier caso, si existieras y si
en algún momento
me pides explicaciones,
Te diría que he vivido de acuerdo con
mi corazón,
no he encontrado mejor guía.
En los tiempos de la esperanza
Sevilla, Sábado Santo, 2014
No hay comentarios:
Publicar un comentario